Eso me preguntaba quince años atrás cuando mis trenzas largas se posaban entre los pliegues de mi almohada y no podía dormirme imaginando mi futuro. Si me preguntan cuál es mi sueño actual respondo que básicamente pretendo acostarme y levantarme hecha una Emma Watson con un macho como Zac Efron o Jim Sturgess. Hace tiempo atrás mi respuesta hubiera sido bien sencilla, aunque rozando la línea de lo utópico e irrealizable: "Quiero tener 21".
Casi, casi como el título de una película taquillera de Hollywood; no era pretenciosa la pibita. Y hoy mientras me levanto y me veo nuevamente al espejo le respondo a mi alma de niña que así se siente tener veintiuno.
En primer lugar, tengo que estudiar y llenarme de conocimientos mientras me presento a finales y tiemblo como una desquiciada. No soy madre pero dudo que un parto sea peor que el suplicio de la espera eterna. Ni el príncipe azul creo que tarda tanto en llegar. Hace unas semanas atrás, Richi, un amigo, me decía que esperar para rendir en esos pasillos que se convierten en fuentes claustrofóbicas por excelencia, era como transformarse en un astronauta. Encierro total. Desesperación por no saber cuánto tiempo más vas a llevar ahí. Y finalmente, la sensación de que el mundo sigue girando y a vos te importa un mismísimo carajo el mundo. Podría venirse el fin del mundo tranquilamente. Es más, nos haría un favor para zafar de la mesa de exámen.
En segundo lugar, aprender a vivir sola con dos amigas. ¿Sola o con dos amigas? Me refiero a aprender a vivir con amigas pero a convivir conmigo misma, sin la presencia paternal que te hace las cosas un poquito más sencillas. Mis perros tienen mayor capacidad de susbsistencia que yo. No sé cocinar aunque soy buena para limpiar porque en otra vida, en vez de ser la Reina Isabel I, hija de la mismísima Ana Bolena, fui mucama. De algún castillo de época ornamentado con todos los lujos, eso sí. Pero me la pasé baldeando las escaleras de mármol mientras era la amante de Felipe I de Castilla. O quizás era Cenicienta, quién sabe.
En tercer lugar, sufrir cual Penélope mientras espera el regreso de su marido durante veinte largos años. Bueno, tanto así no se sufre pero esperar, se espera. Ahogo mi llanto en los temas pedorros de One Direction, Shakira en sus años de juventud y David Bisbal, mientras me baño con la puerta abierta y me asomo cada 2 minutos sincronizados para corroborar que ningún fantasma esté esperándome al voltear la cortina. Quiero creer que la racha de hombres que no valen la pena se aleja después de los veinte. Conozco mujeres que ya están pensando en casarse. ¿CASARSE?!! Sos muy lindo pero primero afiancemos nuestra relación, querido granizado de dulce de leche con tramontana.
Ahora, yo le pregunto a esa miniatura de persona que fui (bueno, soy) si le gustaría tener 21 después de todo esto. Dudó un poco pero me respondió con una sonrisa convincente:
-¡Pero si está bueeeeeeeenísimooo!!!!!


