domingo, 3 de marzo de 2013

Desconexión 2.0



Aislarse por completo de los esquemas que nos impone el sistema no es tarea fácil. Mucho menos en vacaciones, cuando pretendemos dejar de lado todo lo que nos conecta al resto y, a la vez, nos resulta casi imposible. Queremos estar en todos lados, todo el tiempo. Vivimos conectados con nombres y apellidos que, muchas veces, son anónimos. ¿Para qué estamos conectados, entonces?

Más allá de las contrariedades, (des)conectarse es una decisión. Algo que nos atrevemos a probar sólo si tenemos ganas y voluntad de alejarnos un poco del arsenal de tecnologías. Aunque, a veces, esa desconexión se da casi por necesidad, si cambiamos el escenario y nos sumergimos, por ejemplo, en una relación. De pares, de amistad, de amor, de loquesea. ¿Por qué nos desconectamos?

En principio, tengo el deshonor de anunciar que sobre tecnologías soy un desastre. Me doy maña sólo por obligación y por la misma presión que yo misma me impongo para no quedar como una salame. Tengo un conocimiento básico (de puro razonamiento lógico nomás) que se basa en distinguir dos polos dentro de una misma conexión. Si uno de los lados está desconectado de la fuente, es obvio que el enlace nunca va a funcionar. 

Aquí es donde aparezco yo en un colectivo, escuchando una conversación entre amigas que me lleva a varios déjà vu del mismo estilo:

-Mi problema con Martín es que los dos queremos cosas distintas. Estamos como desconectados.-

Frases similares escuché una docena de veces. Más allá de saber que el otro, valga la redundancia, "está en otra", no nos damos por vencidos. Le estamos exigiendo que se conecte, que esté en la misma sincronía que nosotros. ¿No nos parece un acto egoísta? 

Lo que me llamó la atención es que la chica del colectivo aceptaba la derrota de esa desconexión. Fue como si estuviera diciendo "El problema está en que yo estoy acá y él allá, y está bien porque por algo es así." Logra confesarlo, logra reconocerlo. Creo que ese es el primer paso para una relación sana. Determinar los límites y los roles que tiene cada uno, saber hasta dónde vamos a aceptar llegar. Más allá de esto, yo no paso. 

Los mismos esquemas que nos imponen desde afuera en cuanto a la tecnología, funcionan de igual manera en nuestras relaciones. Si estás solo, por algo será. Si alguien está en pareja, más allá de las discusiones, de los celos enfermizos y del inevitable desgaste, el amor sigue siendo eterno y para toda la vida. Qué ironía, como si alguien pudiera exigirle garantías de eternidad al amor.


Si bien no amparo los actos egoístas de imposición a la hora de amar a alguien, tampoco me parece justo ser mendigos del amor. Alguien una vez me dijo que el amor por obligación no sirve para nada; y es en este momento cuando me siento armonizando plenamente con semejante frase. Ni exigimos ni mendigamos. El amor es algo natural que sólo se da si esa conexión es mutua, recíproca. Y si no logramos conectarnos, con tanta tecnología dando vueltas, siempre podemos arriesgarnos a encontrar otro enchufe que nos mantenga en línea. 

Por pura casualidad (o causalidad, quién sabe), ayer me instalé con una película que me dejó pensando mucho sobre esto:

-¿Por qué elegimos a personas incorrectas para tener una relación?
-Aceptamos el amor que creemos merecer.

"The perks of being a wallflower"/ (Las ventajas de ser invisible)



3 comentarios:

Nere. dijo...

Ante todo pido permiso para llevar la frase última, la de la peli, a FB. Creo que no puede ser más representativa. Y sí que me quemó la cabeza justo cuando estaba buscando sobre qué escribir sabiendo que tenía una licuadora.

Suele pasarme y más cuando fallan las relaciones humanas querer dejar de lado la tecnología. Siento que al lado de lo esecial - y lo que muchos pueden llamar primitivo - por muchas redes sociales o medios que haya, no se puede comparar. El contacto humano puede estar a través de palabras como en nuestros casos u otros, pero bien sabemos que afuera hay un mundo más tangible. Que quizás nos encuentre a los mismos, pero siempre de otra manera.

Me gustó la vuelta de tuerca, Anto.

¡Beso grande!

Humberto Dib dijo...

Llegué por casualidad, me gustó la reflexión, soy de los que adoran estar desconectados, aunque si me conocieras no lo parezco.
Voy a leer este blog con más tiempo.
Un abrazo.
HD

Nena bien. dijo...

Anto, en muchos puntos coincido contigo. En otros pienso que nos esforzamos demasiado por tener a alguien, las relaciones son geniales cuando tienen autenticidad. Y no me refiero a "estos no pelean nunca", cuando hay comunicación, amistad, amor, sexo. Ahora somos novios porque FB dice que tenemos una relación. Ahora somos novios porque nos sacamos fotos re felices. Ahora somos novios porque nos ponemos te amo en muros y nos dedicamos canciones.
Y a mí me gusta más lo discreto, ¿sabés? Algo que la conexión no sea por cable sino vía WiFi.
Que es menos limitada y llega hasta otros lados.