Como las casas que habité


Había estado pensando
que la vida se siente casi
como la mismísima felicidad
en tu boca.

Que el mundo puede irse al carajo
 y qué importa
si yo estoy entre ese suspiro
que proclama alivio
mientras te miro de cerca
y apenas nos separa un vértice de riesgo,
y alegría, y amor,
y tumulto de emoción,

y bienvenido,
qué lindo es tenerte conmigo.

Y cuando te vas.
uf, cuando te vas,
te miro como miro las casas que habité
 y tuve que dejar ir.

Aunque dejar ir
es ilusión por lo que viene después.

Porque siempre me valió más
la esperanza
de habitar
un lugar que no conocía
antes que la incertidumbre
de querer quedarme
por miedo a eso que regala
la costumbre.

Pero el día que me vaya
no te asustes,
te voy a mirar
como miro las casas que habité:

traigo una lágrima que sabe mucho
de huidas y tenaces despedidas.







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