Deshojando margaritas




Todo empezó con una pregunta. Una de esas preguntas que hacen sacudir los planetas y movilizar los corazones mientras la respuesta vacila entre la esperanza y la desilusión. "¿Me querés?", le había preguntado con inquietud a su pequeña hermana. "Dale, Sofi, ¿me querés? ¿me querés, Sofi?", el tono de nerviosismo en su voz se fue intensificando y sus ansias por saber la respuesta aún más. "Respondéme, Sofi... ¿me querés o no?".

En esa pregunta, en esa duda, en esa falta de certeza estaba escondido el poder que tenía la tal Sofi para hacer demorar su respuesta. Porque ahí, en esos momentos en que la incertidumbre toma protagonismo, es cuando menos podemos esperar. La paciencia se esfuma quién sabe hacia qué recovecos. 

"¿Y? te pregunté algo...", dijo cansada de tanta expectativa"Basta, Vicky. No, no te quiero". Vicky se quedó callada, juntó sus manitos mientras cavilaba lo que haría después de semejante declaración de desamor. ¿Qué se hace en estos casos? ¿Se acepta el veredicto o se sigue insistiendo hasta que nos quieran por obstinación? ¿Siempre resulta verdadera una respuesta como esta? ¿O, acaso, hay posibilidades de que sea una mentira, un engaño de parte de quien tiene el beneficio de decidir si nos quiere o no? Porque claro, es fácil ser el que responde: el que responde decide. Pero el que pregunta, al preguntar está dando por supuesto de que él ya decidió querer. "Sí, te quiero. ¿Y vos? ¿Me querés?"

Como era de esperarse, nuestra protagonista-víctima no se quedó con los brazos cruzados. "Pero yo te quiero, ¿por qué vos no me querés?", le susurró a su hermana mientras ésta la miraba con aires de desdén. "Porque no, Vicky. Porque no tengo ganas de quererte". Con esta sentencia, Sofi concluyó la charla y Vicky decidió darse por vencida. Ya desde los tres años entendía que insistir en cuestiones del amor era inútil. 

Resultó cautivador verlas a la distancia, escuchando lo que se decían mientras yo no podía evitar largar un suspiro repleto de ternura. La más pequeña, Vicky, se cansó de deshojar margaritas en esta víspera de primavera, porque vacilar entre un me quiere/no me quiere constante resulta agotador. Luego de un rato, fue Sofi quien reapareció solicitando el amor de su hermana. Ese amor que ella misma le había rechazado pero que ahora necesitaba. 

Inmediatamente me quedé pensando. Sólo cuando dejamos de tener eso que teníamos, nos permitimos girar a un costado, ceder, aceptar, entregar. Porque nos sigue costando reconocer que el amor siempre es suficiente cuando viene de otro corazón. 




-dibujo por Troche
(portroche.blogspot.com)

Comentarios

Clarard ha dicho que…
Y yo te quiero. Tu escritura me hace quererte. Genial el blog Anto. Te felicito. Me voy a dar una vuelta por tus entradas, tienen títulos copados. Te invito a pasarte por mi blog si te pinta ( http://locuritasdemimundo.blogspot.com.ar/ ). Te leo.
Luna ha dicho que…
Me encantó!
Es así, que complicados solemos ser...

Acabo de descubrir tu blog y llego para quedarme!
Besos
Mariana Di Franco ha dicho que…
Anto..que maravillosa capacidad de transmitir!!������ Gracias por compartirlo!me encantó!(el don de la palabra que le dicen)
Mariana Di Franco ha dicho que…
Anto..que maravillosa capacidad de transmitir!!������ Gracias por compartirlo!me encantó!(el don de la palabra que le dicen)

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