miércoles, 26 de marzo de 2014

El papelón de la 203



Para los ávidos de siempre, el título no tiene nada que ver con el número de una habitación de Bariloche, o algo similar. Lamento anticiparlo: no todo es ocio y vacación. A partir de marzo, la vida da un vuelco apresurado. Hay algo más profundo, más inquietante, más académico: un aula de la facultad. Si había un lugar que me faltaba para sacar a relucir mis papelones, era éste.   

Todo en mi trayecto, hasta pisar los primeros metros de entrada, iba bien. Mi reproductor seguía andando como siempre y yo mostraba señas de andar vagando en la luna y la vía láctea. En un momento de descuido e inocencia, un grupo de estudiantes que milita en diferentes centros se abalanza sobre mí como si fuera una presa que intentan disputar. No hay espacios para dejar hablar al otro, el silencio no existe en estos ámbitos. Es una competencia; el que más palabras pueda incorporar en un tiempo estimativo de tres minutos, ¡bingo!, gana.  

Es mi primer día de clases, algo así  como un regreso a las bambalinas. Y la manada sigue persistente, mientras el reloj avanza, avanza, avan... "Mirá, disculpame pero estoy llegando re tarde y todavía tengo que buscar el aula..." Cuando yo creí que había encontrado la fórmula perfecta para triunfar, el muchachito de remera colorada se suma a mi camino, argumentando "No importa, te acompaño hasta allá". Bárbaro. No sólo tengo que subir esquivando gente, sino que además las esquivo de a dos, con alguien que no tiene un botón que diga pause.

Llegué al transparente donde cuelgan notas, horarios y aulas. Me fijé en Perspectivas Sociofilosóficas I. Aula 201, listo. Allá voy. Subí la escalera totalmente atormentada de tantas palabras. No podía reaccionar a ver tanta gente insistente, gritando, agitando papeles. Llegué al primer piso, busqué desesperada pero no encontraba nada. Me apabullé. "¿Buscás Perspectivas? Están allá...", me gritaron a causa de, imagino, mi cara exasperada. Desde la ventana de la puerta se veía que ya habían comenzado la clase. Cuando miré mi reloj me di cuenta que estaba llegando veinte minutos tarde. Veinte minutos perdidos por sortear gente. 

Entré como si nada. Una vez que pisé el salón y sesenta caras me miraron de lleno, caí en la cuenta de que estaban sentados en una ronda gigante. No bastó mi entrada malograda, sino que encima tenía que buscar una silla y colarme entre dos almas bondadosas para formar parte de eso que parecía una secta de gente en rehabilitación. Lo hice. Me senté como pude entre dos chicas que me miraron de arriba a abajo. Saqué mis cosas y todo prosiguió como cualquier clase teórica. 

Después de mi conmoción, empecé a relajarme. Me puse los lentes, me senté más tranquila, me apoyé sobre el respaldo de la silla y, simplemente, miré. Miré a mi alrededor. Los chicos de enfrente eran desconocidos. Los de mi derecha también; qué raro, pensaba una y otra vez. A los de la izquierda no los había visto nunca. ¿Será que la gente conocida cursa en la otra comisión? Luego de una hora y media de clase determiné que era imposible no reconocer un rostro. ¡¡¡UNO!!! Estoy en cualquier lado, menos donde tengo que estar, sospeché. Fue en ese momento cuando sentí que todo el mundo se había dado cuenta, como yo, de mi gran error.  Nunca mejor puesta la frase "sapo de otro pozo". Yo era la boluda de otra aula.

Cuando finalmente terminó la clase, lo corroboré. Estaba en la 203, cursando una materia que se llama Perspectivas Sociofilosóficas II con alumnos de entre 4to y 5to año. Con razón había tanta gente grande. Después de mi indignación me sentí la persona más colgada del universo. Lo único bueno para alimentar la llamita de positividad que hay en mi alma es que si el año que viene la curso, ya tengo los apuntes de la primer clase. 


3 comentarios:

Ivo Serenthà dijo...

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Marlow

Sex Shop dijo...

Muy buenooooo!!!!!

Ivianella dijo...

El otro día empece la cursada y me acorde patente de este texto, mire la cartelera y subí a mi respectiva aula. Volví a bajar para percatarme de que por supuesto estaba en el aula incorrecta. Decí que baje, sino iba a sentirme igual de perdida que vos. Así que, gracias Anto (: