miércoles, 8 de mayo de 2013

Cómo cambian las cosas los años...

Mi paseo era una regreso convencional en colectivo. Convencional hasta que los ví subir. Tomados de la mano como en plena juventud, dotados de un brillo especial que se notaba en las miradas que compartían. "Vieji, ¿podés?". Así, sin más. Se cuidaban y se mantenían firmes, supongo, como el día en que compartieron aquellos inolvidables primeros roces de las sábanas.

Los rostros colmados de hastío en el colectivo pasaron a ser la nueva rutina que nos recluye en un rincón del lado de la ventanilla. No nos miramos, no nos sentimos, no nos prestamos atención. Cada uno viene sumergido en su mundo, escuchando música, leyendo, hablando por teléfono o mirando el celular. 

Y así, mientras el mundo flotaba a mi alrededor y dos hombres se desafiaban disimuladamente por un asiento, los ví. Subieron emparejados como si fueran uno. Los años se habían encargado de hacer un amalgama entre ellos dos. Ella, fresca, sumisa, frágil e insegura. Él, intrépido, animoso, con fuerzas para ayudarla a subir y sentarla en el primer lugar disponible, sin soltarle la mano. Quién fuera como ellos. Quién fuera ese resultado de años y años, de vidas y muertes, de amores y odios, de miedos y perseverancias. 

Se miraban con tanta ternura que no podía despegar la mirada. Me resultó conmovedor algo, quizás, tan común. ¿Común? ¿De verdad es común? Ellos se habrán visto con el desvelo de la pasión enmarcada años atrás. Y ahora, ahora mirarse a la cara y encontrarse auténticos como el primer día resulta todo un desafío. Al final, después de tanta historia, lo que queda es el compañerismo, es seguir llevando la mochila a cuestas juntos.

Yo no creo en el amor para toda la vida. Creo en los amores para toda la vida... en bandada, en clanes, en cuadrillas que vienen sin escisión posible.


4 comentarios:

Nerea dijo...

¡Qué hermosa tu manera de contarlo, Anto, realmente pude sentirme ahí! Y no sólo por el talento con las letras, sino porque el viajar todos los días y ver esta sensación de que todos están en una burbuja es común denominador para nosotras.
Increíble, sí, pero real. Esas muestras de ternura, amor y compañerismo nos ayudan a seguir creyendo en el humano y en su amor.

¡Beso grande!

Julieta dijo...

Realmente lindo.
Es bueno encontrarse con momentos así en la vida, porque que quitan el sabor amargo de la rutina.
Una suerte que lo hayas visto y gracias por contarlo.

Eli dijo...

a mi me paso exactamente lo mismo una vez! Es amor puro ver eso.
Anto sos magia escribis tan lindo que da placer leerte! besote :)

Julieta en jumper dijo...

Qué dulce... Me encantó.