Madame G



Glenda llega y no saluda a nadie. Su voz imperceptible y desafiante la delata: ningún ser le va a caer bien haga lo que haga. Acá se viene a trabajar, señores. Se sienta delante del escritorio y con una mirada que va de izquierda a derecha, inspecciona cada banco, cada brazo que se posa sobre los apuntes, cada silencio que, por cierto, le resulta placentero en esa habitual cueva de bochinches.

Es fanática de los conceptos de memoria, las frases duplicadas, los parciales que tienen una similitud idéntica a los textos que hay que leer y releer. No se renovó; desde que empezó a dar clases sigue manteniendo esa postura. Tampoco renovó su buen humor: sigue siendo igual de gris que hace quince años atrás.

Glenda no habla, susurra. Y en ese cúmulo de palabras débiles te enteraste de un parcial, de un trabajo grupal para la próxima semana, te aburriste, bostezaste, la miraste, te miraba y deseaste que no corrigiera ella tu examen. 

No se saca la bufanda; el saco a veces lo deja en el respaldo de la silla, pero sólo cuando el sol de la ventana le contagia su calor matinal. Glenda tiene lentes que la caracterizan, se viste de oscuro y lleva el pelo suelto; es formal, severa y discreta. Fue mamá hace muy poco. Después de saberlo, no hay forma de imaginársela con un bebé en brazos. ¿Será que acaso impone un disfraz que oculta detrás de sus gafas desafiantes?

Para hacerle a honor a la investigación de la que tanto habla, formulo hipótesis, enunciados supuestos, porque en realidad (y por suerte) no tengo el (dis)gusto de conocerla.


Comentarios

Garriga ha dicho que…
hay que verla, yo me hago la película de que es una ninfómana.
Belén ha dicho que…
Me pasaba por aquí y, para empezar, me encanta el título de tu blog "sismo" como un terremoto de ideas. Me gusta mucho.
Glenda parece todo un personaje, realmente interesante... Me gustaría saber si ese comportamiento en clase es pura fachada... Quizás luego sea un encanto, ¡quién sabe!
Me ha gustado pasarme por aquí, un beso :)

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