jueves, 21 de julio de 2011

Análisis errado


Tuve un flashback, un retrotrack que me despanzó de la risa esta mañana.

Desde chica padezco cierto grado de lipotimia que hace darme mareos o bajones de presión, por lo cual voy seguido a controlarme y a soportar una seguidilla de todo tipo de análisis.
En una de esas rutinas, mi papá, advirtiendo del atolondramiento muy habitual en mi persona, me preguntó media docena de veces si había cerrado bien el recipiente del análisis.

-PERO OBVIO, PAPÁ. Tan tarambana no soy. [véase aquí el vocabulario de una tipa segura de sí misma]

Pero sí. Soy tarambana, atropellada, despistada... un curriculum perfecto para presentarle a mis futuros suegros.
La cuestión es que en uno de esos encontronazos con el típico tarrito de orina, tuve un "desliz". Se ve que la tapa no cerró. No hizo "click", diría mi hermana.
Mientras estábamos en el laboratorio, me asomé al bolso y no puedo explicarles la cara de mi viejo cuando le dije que se filtró toda la acuosidad en la bolsa que estaba adentro. A esta maravilla sumémosle un auditorio completo de gente observando una escena tan familiar y poco humillante.

Qué cosha golda.

Creo que con esto perdí las posibilidades de que alguien se me acerque.
La vida está para vivirla... y reírse, gente! llevo mis papelones con orgullo.


jueves, 23 de junio de 2011

Renacer


Quiero sentarme en el balcón de tus miedos
                          Desayunar besos con sabor a eternidad
Que existan los parasiempre
                                                                       los hastaluego
los teprometo
Que tu piel me despierte en las mañanas
                                                                       y en las siestas
causando antojos con gusto a quieromás...




           

lunes, 13 de junio de 2011

Abrazos en oferta



Venía caminando dispersa totalmente, mientras escuchaba música en el mp3. Iba sumergida en mi mundo por la avenida más linda de Rosario a mi gusto, Pellegrini, y en eso pasa un grupete de chicos con carteles en la mano y sonrisas que regalaban a todo el que se acercara. 

No presté ni un poco de atención porque gracias a mi ceguera total, no veía siquiera una letra de lejos. Seguí caminando mientras en susurros canturreaba te conocí un día de Enero, con la luna en mi nariiiizzz... Uno de los chicos se instala delante mío con una cartulina entre las manos que rezaba: "ABRAZOS GRATIS". 'Hoy es el día de los abrazos, querés uno?'

Mi cara no sé de qué era. Asombro. Sorpresa. Susto. Era una broma, me estaba hablando en serio o qué?

Un gentío totalmente desconocido para mi, comienza a abrazarme y a desearme buena vida y mucha paz, mientras yo seguía tiesa con cara de noentiendonada. Oh, pero qué gentecita más linda. 

No se ofrecen abrazos hoy en día. La gente no se toca, ni siquiera se mira. Qué nos está pasando? Dónde quedó aquella calidez en las personas, las sonrisas fáciles y sin motivo alguno, los "Que tengas un buen día", los "Qué tal, cómo andás?", los minutos para saber del otro, los "Te espero", los "Te quiero"... Los sentimientos a flor de piel, las carcajadas espontáneas, las miradas que se basan en largos silencios que parecen vacíos y sin embargo están repletos de todo...

Hoy quiero abrazar y que me abracen. Fuerte. Bien fuerte. Fortísimo. 




lunes, 30 de mayo de 2011

Los recuerdos se hacen de mujeres perdidas

Supongo que cuando estamos mal es cuando logramos exprimir nuestro yo interno hasta quedar divagando en un montón de pensamientos sobre el por qué de nuestro mal.
Un mal que arrastra días, semanas... 5 semanas exactamente hoy, qué casualidad. Llevo la cuenta como si fuera una niña que no ve las horas para cumplir los años. Qué irónico, uno crece y lo que cuenta son los días de la angustia, de la nostalgia, de las nubes, de los "lleno de grises".

Me traspasé de dolor hace un tiempo, creo que ese fue el motivo de mi negación a las lágrimas ahora. No puedo llorar simplemente porque no lo vale, porque las palabras al fin y al cabo son enemigas del tiempo y del recuerdo. Las palabras se olvidan, dejan de ser importantes. Se esconden, se ultrajan entre ellas. Ni siquiera pueden ser llamadas hijas del rigor.
Y como uno no busca que sucedan las cosas, sino que simplemente suceden, es que dejo de lado el rencor y me guardo los mejores meses que viví. Pero me los guardo por mí, porque me quiero y porque busco siempre mejorar. De a poquito el camino se va articulando solo.

Mi corazón se siente en un stand by emocional impresionante que no sabe cómo reaccionar. Uno busca encontrar respuestas, soluciones. Lo único que encontrás es encierro. Un encierro entre cuatro paredes que no te deja ver más allá de la ventana. 

Ahora sí que todo el soundtrack de Iván Noble me atraviesa las glándulas exócrinas hasta mutilarme los órganos. Bue. Y mientras el silencio decrépito se instala en mi habitación, escucho a una compañera de la pensión a las risas con el novio. VAMOS QUE LA VIDA ES UNA FIESTA, QUERIDO MONTANER.




miércoles, 23 de marzo de 2011

La receta del día

La lluvia me da ganas o de dormir o de hacer algo productivo que me ocupe la mayor parte de la tarde. 

Mientras pensaba qué podía hacer para satisfacer mi placer por lasboludeces.com hechas en casa, me puse a mirar revistas que tengo archivadas desde el año '99, teniendo en ese entonces 6 años de edad. Y entre las páginas un tanto recortadas, otro tanto rotas, me encontré con una receta de "Tortitas negras". Era una recetita de esas que salen para que los padres propensos al aburrimiento de sus hijos un día de lluvia, logren 'entretenerlos' con algo. 

Por supuesto que en la receta te muestran un terminado perfecto y cuando lo comparás con el que hiciste te das cuenta de que el tuyo es una especie de mezcolanza que requiere de la mano de obra de la propia Narda Lepes para que logre asemejarse al de la revista.

Cuando las miré no pude evitar largar una carcajada, porque éstas no eran unas tortas negras cualquiera, eran tortas negras con historia

Recuerdo que había invitado a una amiga llamada Josefina a dormir. Nos levantamos a las 6 de la mañana mientras en mi casa no se escuchaba más ruido que el del reloj de la cocina (siempre me angustió ese sonido decrépito que hace. Una tortura.) Mientras mirábamos recetas que podíamos hacer para 'sorprender' a mi familia, encontramos las famosas tortitas negras.

-¿Y si las hacemos, Anto?
-Bueno, pero mirá que no hay azúcar negra.
-No importa, hacemos la masa y quedan como galletitas.
-Dale. Hay "cositos de colores" que le ponemos a las tortas. Podemos ponerle eso en vez de azúcar.

Las hicimos. En la mitad de la preparación nos dimos cuenta de que no había manteca. Le pusimos huevos. La masa con confites de colores (que no sé si empeoraban el aspecto de nuestra receta) al horno media hora. No puedo describir con palabras lo que era todo ese asimétrico pedazo de revoltijo sin forma, con gusto desabrido, sin manteca, sin azúcar negra y con puñados de confites.
La cara de mi querido padre cuando se levantó a las 7 y se encontró con la cocina totalmente dada vuelta es retratable en mi memoria para toda la vida.

 Esa mañana el desayuno era chocolatada con cartón y confites.