lunes, 30 de mayo de 2011

Los recuerdos se hacen de mujeres perdidas

Supongo que cuando estamos mal es cuando logramos exprimir nuestro yo interno hasta quedar divagando en un montón de pensamientos sobre el por qué de nuestro mal.
Un mal que arrastra días, semanas... 5 semanas exactamente hoy, qué casualidad. Llevo la cuenta como si fuera una niña que no ve las horas para cumplir los años. Qué irónico, uno crece y lo que cuenta son los días de la angustia, de la nostalgia, de las nubes, de los "lleno de grises".

Me traspasé de dolor hace un tiempo, creo que ese fue el motivo de mi negación a las lágrimas ahora. No puedo llorar simplemente porque no lo vale, porque las palabras al fin y al cabo son enemigas del tiempo y del recuerdo. Las palabras se olvidan, dejan de ser importantes. Se esconden, se ultrajan entre ellas. Ni siquiera pueden ser llamadas hijas del rigor.
Y como uno no busca que sucedan las cosas, sino que simplemente suceden, es que dejo de lado el rencor y me guardo los mejores meses que viví. Pero me los guardo por mí, porque me quiero y porque busco siempre mejorar. De a poquito el camino se va articulando solo.

Mi corazón se siente en un stand by emocional impresionante que no sabe cómo reaccionar. Uno busca encontrar respuestas, soluciones. Lo único que encontrás es encierro. Un encierro entre cuatro paredes que no te deja ver más allá de la ventana. 

Ahora sí que todo el soundtrack de Iván Noble me atraviesa las glándulas exócrinas hasta mutilarme los órganos. Bue. Y mientras el silencio decrépito se instala en mi habitación, escucho a una compañera de la pensión a las risas con el novio. VAMOS QUE LA VIDA ES UNA FIESTA, QUERIDO MONTANER.




miércoles, 23 de marzo de 2011

La receta del día

La lluvia me da ganas o de dormir o de hacer algo productivo que me ocupe la mayor parte de la tarde. 

Mientras pensaba qué podía hacer para satisfacer mi placer por lasboludeces.com hechas en casa, me puse a mirar revistas que tengo archivadas desde el año '99, teniendo en ese entonces 6 años de edad. Y entre las páginas un tanto recortadas, otro tanto rotas, me encontré con una receta de "Tortitas negras". Era una recetita de esas que salen para que los padres propensos al aburrimiento de sus hijos un día de lluvia, logren 'entretenerlos' con algo. 

Por supuesto que en la receta te muestran un terminado perfecto y cuando lo comparás con el que hiciste te das cuenta de que el tuyo es una especie de mezcolanza que requiere de la mano de obra de la propia Narda Lepes para que logre asemejarse al de la revista.

Cuando las miré no pude evitar largar una carcajada, porque éstas no eran unas tortas negras cualquiera, eran tortas negras con historia

Recuerdo que había invitado a una amiga llamada Josefina a dormir. Nos levantamos a las 6 de la mañana mientras en mi casa no se escuchaba más ruido que el del reloj de la cocina (siempre me angustió ese sonido decrépito que hace. Una tortura.) Mientras mirábamos recetas que podíamos hacer para 'sorprender' a mi familia, encontramos las famosas tortitas negras.

-¿Y si las hacemos, Anto?
-Bueno, pero mirá que no hay azúcar negra.
-No importa, hacemos la masa y quedan como galletitas.
-Dale. Hay "cositos de colores" que le ponemos a las tortas. Podemos ponerle eso en vez de azúcar.

Las hicimos. En la mitad de la preparación nos dimos cuenta de que no había manteca. Le pusimos huevos. La masa con confites de colores (que no sé si empeoraban el aspecto de nuestra receta) al horno media hora. No puedo describir con palabras lo que era todo ese asimétrico pedazo de revoltijo sin forma, con gusto desabrido, sin manteca, sin azúcar negra y con puñados de confites.
La cara de mi querido padre cuando se levantó a las 7 y se encontró con la cocina totalmente dada vuelta es retratable en mi memoria para toda la vida.

 Esa mañana el desayuno era chocolatada con cartón y confites. 

martes, 15 de febrero de 2011

Una ganga



No soy pura tecnología ni mucho menos. Mi celular quedó en la historia y todavía sigue vivo, fiel a los golpes y caídas que recibió. Ni hablemos del que tiene mi madre que sigo pensando que lo usaban los dinosaurios en su Era Mesozoica como instrumento de comunicación a corta distancia.
En mi caso el celular es básicamente para: llamar, mandar mensaje, recibir mensaje/llamada y anotarme en el calendario los días y horarios de Glee. No puedo con todo, soy una mina muy ocupada(?) que no retiene el horario de lo casi único que mira en la tele.

La cuestión es que el otro día mientras estaba agazapada cual bestia animal sobre mi cama mirando mi ombligo y el mosquito que estaba a punto de aterrizar justo ahí, me puse a mirar los mensajes guardados en el Borrador. Y para mi sorpresa, encontré material que quizás les sirva para contribuir a un pensamiento masivo basado en "Antonella es una boluda importante", pero además encontrarán funciones excepcionales que de seguro su celular no tiene. Véase:

Guardar

-Posible dedicatoria a mi primer libro escrito en algún momento de mi vida y si tengo suerte. "A mis hijos y a mi esposo...." Lo más cómico es que le mandé el nombre de mis hijos y hasta tenía calculado que eran un nene y una nena.
-Palabras de una Propaganda de jugo. "Hola, soy Hugo, el que barrena en leche y surfea en jugo." (Entiendan que no tengo todos los caramelos en el frasco. No sé quién me mandó guardar eso.)
-Nombre de los libros que me faltaban comprar para rendir. Y todavía me falta uno. Gracias celular por mantenerlo presente.
-Dirección de la casa de mi chico(?) No sé, no recuerdo eso.
-Y la frutilla del postre: Cómo hacer brownies caseros en una hora. Anoté ingredientes, procedimientos y creo que entre todo suman 10 págs de mensaje.



Mi celular prehistórico sí que vale la pena.





viernes, 31 de diciembre de 2010

Veinte once




Andábamos tan concentrados en la rutina de todos los días, en el ir, en el venir, en el volver, en el hacer, en el rehacer.. que cuando menos nos dimos cuenta, en un abrir y cerrar de ojos, el año se nos pasó volando. Nos llenamos de sensaciones, de recuerdos, del "Qué año inolvidable" o del "Espero que este sea mejor".

La verdad que no pretendo hacer un resumen de mi año, contando sus partes positivas y negativas para hacer una cronología de todo lo que pasé; me quedo básicamente con esos pequeños trozos de vivencias que sostengo y que espero se sigan sumando a un amplio repertorio de las páginas de mi vida.

Estoy felíz. Felíz por terminar, felíz por comenzar. Más allá de los miedos, del iniciar desde cero a sabiendas de que cada nivel se complejiza, puedo darme cuenta de que cada etapa que superamos nos da vigor para continuar y progresar con nuestros proyectos.

Gracias a todos por pasar por mi blog y leer algunas de mis experiencias anecdóticas o simples pensamientos que tengo cuando me siento frente a la pantalla para exteriorizar lo que me pasa. Me encanta leer los comentarios, me encanta pasar por otros blogs y compartir algo tan lindo como la literatura, la lectura o la escritura.

No me gustan los finales porque me dejan en lo personal una sensación de vacío, pero sí debo admitir que me conmuevo con la idea de que siempre un final te lleva a un nuevo comienzo. Un comienzo en el que empezamos siempre como principiantes. Ahora hay que aprender a jugarlo y pasar de nivel.

Feliz año nuevo. Feliz DosMilOnce para todos!! 


sábado, 18 de diciembre de 2010

Y por casa cómo andamos?



A partir de mi experiencia en la mudanza que estoy viviendo y a causa del desorden absoluto que me rodea, identificaré una serie de ítems que son parte de mi presente:

- El color marrón sin onda de las cajas no combina con las paredes naranjas de mi habitación. Véase aquí el amontonamiento de cajas. Si los mezclamos con un tono pastel anaranjado obtenemos como resultado las ganas de cortarse las venas con Gillettes Prestobarba Excel de mi padre. No sé quién diablos asesoró al creador de cajas para mudanza.

 - Ese amontonamiento de cajas del que hablaba en el punto anterior llegó a tal extremo que no me deja abrir las ventanas de mi habitación a no ser que me trepe e intente colarme en los pequeños huecos que quedan y estirar mis holgados brazos hasta alcanzar abrirlas. Eso conlleva un alto porcentaje de mi tiempo viviendo semi a oscuras.

-El hecho de vivir semi a oscuras te provoca un mal humor, una mala onda, una cara de no-felizcumpleaños importante.

-La caripela irritable hace que quienes te rodean pregunten "¿Te pasó algo?", "¿Por qué andás con esa cara?", "Uh, ¿y ahora qué te pasa?" y un centenar de etcéteras más. A lo que yo tengo que responder resoplando por dentro: "Estoy así por un par de cajas. Abstenéte de seguir preguntando."

Para resumir: Gracias cajas, me hacen la vida más fácil.